• jueves 01 de diciembre del 2022
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Alixo, parroquia de O Barco asolada prácticamente al terminado: "Cogí la manguera del vecino, por el momento no me importaba nada"

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   Vecinos que debieron desocupar el pueblo detallan "mal, íra y también impotencia" por dejar todo atrás: "Lo primero es la multitud"

   O BARCO DE VALDEORRAS (OURENSE), 19 Jul.

   Una quincena de viviendas, la mayor parte segundas viviendas, de la parroquia de Alixo, en O Barco de Valdeorras (Ourense), fueron asoladas por un incendio forestal del que los vecinos todavía no se comentan la velocidad con la que se extendió por la comarca, hasta calcinar cientos de hectáreas.

   Horas antes de la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a esta pequeña ciudad valdeorrana, varios de los pobladores que lograron regresar a estas casas contemplan descreídos el paisaje que tienen enfrente.

   Y es que tampoco comprenden de qué manera, al tiempo que ciertas fincas y creaciones sí consiguen continuar de pie a pesar del fuego, otras que están a cinco metros de las sobrevivientes sí se vieron reducidas a cenizas. En ciertos casos, no sería por el hecho de que sus dueños no procuraron contener las llamas con los "pocos" elementos que tenían a mano.

   Este es la situacion de Leandro Fernandes, quien, adjuntado con su padre, el domingo se negaba a dejar ámbas casas que tiene su familia en Alixo para intentar socorrer lo que pudieran. "En el momento en que llegué, se encontraba mi casa cercada de fuego. Cogí la manguera del vecino, por el momento no me importaba nada", cuenta a Europa Press.

   Aún en el mediodía de este martes, un bombero enfriaba los pequeños focos que todavía hacían salir humo de las paredes de una de sus viviendas, completamente asolada. "El fuego era incontenible", afirma Leandro. Sin embargo, su familia sí sostiene intacto el hogar donde habitan todos los días: "La salvamos por el hecho de que se quedó mi padre con unos cuantos huevos".

   Este joven enseña de qué manera se vivió la día del domingo, con Alixo transformado en un polvorín gracias a la presencia no solo de bombonas de butano en los alpendres logrados por las llamas, sino más bien asimismo por maquinaria y electrodomésticos como televisores que explotaban siendo consumidos por el fuego. También los tejados se llevaron la peor parte, varios de ellos colapsados al estar sujetos por construcciones de madera.

   En este momento, pese a de qué forma quedó la parroquia tras el paso del incendio, Leandro Fernandes reconoce estar "feliz de poder haber ayudado" a la multitud de su aldea y de otras lindantes: "Fui a Vilariño y me quemé entero".

   Ermitas Álvarez, otra vecina oriunda de Alixo, confiesa todavía sentir "temor, íra y también impotencia" por la incapacidad de los vecinos de parar las llamas que consumieron viviendas, alpendres y también, aun, el campanario de una iglesia cuya composición, afortunadamente, todavía sigue de pie.

   El domingo estaban comiendo en el momento en que debieron dejar su vivienda, que por suerte sí se salvó: "Salimos de comer y observamos que hay un humo muy grande y un aire... Y comenzamos con un calor realmente fuerte y no se podía respirar. Y comenzaba a caer una pequeña ceniza. Empezamos a ver por el horizonte y observamos que comenzaba a venir algo de fuego".

   Más allá de que pobladores de zonas próximas --Candedo y Vilariño-- les habían comentado que el incendio se encontraba ahora "controlado", en ese instante la montaña se encontraba "ahora cercada de fuego y con unas llamas muy, muy altas", con lo que eligieron llamar a los medios de urgencias.

   Las autoridades que llegaron al rato les instaron a desocupar la aldea, pero tanto Ermitas como otros vecinos insistieron --si bien sin éxito-- quedarse a asistir. Muchos de ellos, para eludir inhalar bastante humo, se pusieron una mascarilla: "Es que te ahogabas".

   "Nos dicen 'les tenéis que ir del pueblo pero ahora'", cuenta esta vecina, que recuerda de qué forma sintió "íra, impotencia, temor" por "no comprender qué llevar a cabo". Finalmente, la mayor parte accedió a moverse hasta segundas viviendas o viviendas de familiares y amigos. "Lo primero es la multitud".

   Entre los peores sentimientos, según reconocen los pocos lugareños que lograron regresar este lunes, aparece al notar de qué forma se queda tu parroquia de origen: "Una vida aquí, la vivienda de tus progenitores, yo tengo a mis suegros, la vivienda de mis abuelos, que pertence a las primeras que se se encontraba quemando...".

   Son unos días "durísimos" en los que Alixo, ubicada en una pendiente desde la que se visualiza el centro urbano de O Barco, está ahora transformada en entre las parroquias símbolo de unos incendios que, en toda Galicia y en menos de una semana, llevan asoladas unas 20.000 hectáreas.

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