Crónica Galicia.

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"Hijo de prisionero franquista gallego urge a más familias a reclamar sus derechos"

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 6 de enero.

Recientemente, el Juzgado de Primera Instancia de Ferrol ha decidido anular la condena impuesta a José Varela, quien fue encarcelado en 1942 por poseer un texto del destacado socialista Indalecio Prieto. Su hijo ha instado a otras familias que hayan vivido situaciones similares a seguir su ejemplo y presentar reclamaciones.

José Varela Cachaza nació en 2010, cuatro años antes del inicio de la Primera Guerra Mundial. Su vida cambió drásticamente como resultado de la guerra civil española, que culminó con una condena de 20 años en prisión. Este acontecimiento se debió a la tenencia del texto de Prieto, lo que le llevó a pasar tres años en el Castillo de San Felipe, en Ferrol.

La reciente sentencia ha declarado nula la condena que le fue impuesta en 1942, marcando un hito en la historia judicial de Galicia. Junto a Varela, también ha quedado exonerado Miguel Mendiguchía, quien fue fusilado en 1936.

La sentencia ha creado un sentimiento agridulce en la familia Varela. Aunque su hijo, Pepe, ha considerado que esta decisión es un alivio tras años de lucha, también ha expresado su tristeza por el hecho de que sus padres no pudieron experimentar esta vindicación.

En la prisión de Ferrol, los reclusos enfrentaban condiciones extremadamente precarias. Pepe ha recordado cómo, tras protestar por la escasez de comida, se les ofreció un plato más sustancial, pero los internos decidieron rechazar la oferta, pues temían que la mejora fuera solo temporal y eventual regresaran a la escasez habitual.

Las protestas dentro de las prisiones franquistas no eran comunes y, cuando ocurrían, eran más simbólicas que efectivas. Las memorias de Xerardo Díaz, quien fue encarcelado en A Coruña en los años 40, mencionan el aclamado rechazo a asistir a los oficios religiosos como una de las pocas manifestaciones de resistencia entre los prisioneros.

Pepe, siendo el mayor de tres hermanos, nació cinco años después de que su padre recuperara la libertad. Usó la misma cuchara que su padre había traído de la cárcel, una tradición que, en su infancia, le causaba una sensación de conexión con su historia familiar.

José Varela, antes de su encarcelamiento, había sido campeón de boxeo en Galicia. A pesar de haber participado en numerosas peleas, siempre decía que su mayor combate fue el que libró para proteger a un compañero de prisión de un interno que intentó atacarlo con un clavo oculto en su colchoneta.

Pepe ha subrayado que su padre nunca ocultó su pasado. Contar anécdotas sobre su tiempo en prisión era algo común en la familia. Recuerda vivamente la historia de un compañero recluso analfabeto que le pidió educación; Varela le enseñó a escribir y, en un momento trágico antes de ser ejecutado, le recordó sobre los deberes que le había dejado.

Los presos en A Coruña también recibían clases de distintos profesionales que, a pesar de su situación, contribuían a la educación de los internos, enseñando desde matemáticas hasta idiomas, creando un ambiente de aprendizaje en medio de la adversidad.

José, siendo el único varón en la familia, fue exento de cumplir con el servicio militar, dado que se le consideraba el sostén familiar. La muerte de su padre sucedió antes de su encarcelamiento, y su asistencia al funeral de su madre fue vigilada por un guardia civil, su cuñado, lo que le otorgó ciertas ventajas sobre otros prisioneros en situaciones similares.

José fue liberado en 1944, pero no pudo recuperar su empleo. En casa, el nacimiento de Pepe estuvo marcado por dificultades económicas, ya que el costo de la leche superaba el salario de su padre como peón en la empresa portuaria.

El estigma social que sufrían como familia marcada por la historia penal de José se hizo evidente a medida que Pepe y su hermano Paco crecían. Durante su adolescencia, se dieron cuenta de las limitaciones económicas que enfrentaban, comparándose con sus compañeros que disfrutaban de ciertos privilegios, como poseer una moto mientras ellos solo podían andar en bicicleta.

La sensación de "inferioridad" que experimentaron llevó a ambos hermanos a inclinarse por el comunismo como una forma de resistencia frente a lo que percibían como un sistema injusto. Su decisión, sin embargo, no fue del agrado de su padre, quien se consideraba un socialdemócrata de ideas galleguistas.

Finalmente, Pepe destacó la figura de su madre, Antonia, en su historia familiar, afirmando que su esfuerzo laborioso en el hogar fue fundamental para la supervivencia de la familia. Antonia cultivaba su huerta y cuidaba de los animales, además de coser prendas que eran cruciales para su sustento durante esos años difíciles.